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viernes, 20 de marzo de 2009

QUEREMOS 100 (II): Julius Erving en super 8

AUNQUE LOS MÁS JÓVENES NO PUEDAN o no quieran creerlo, antes de Michael Jordan, LeBron James, Pau Gasol y compañía ya existía el baloncesto. Y la NBA. Sólo que hace 30 o 35 años no veíamos imágenes por televisión, el seguimiento de la competición en los periódicos era escaso y ni mucho menos diario, la mayoría apenas conocíamos los nombres de cuatro o cinco grandes cracks y las mejores fotos que veíamos eran las que publicaba la mejor revista especializada de Europa, la mensual italiana Giganti del Basket. Quien tenía un ejemplar de Giganti, aunque fuera bastante atrasado, tenía un tesoro.

La NBA era en muchos aspectos un mundo lejano, que despertaba admiración en todos pero interés sólo en unos pocos iniciados, en especial entrenadores.

Para la mayoría, además de lejano era un mundo prácticamente desconocido. Y por tanto mágico. Yo, por ejemplo, recuerdo que de muy niño tenía una imagen de la NBA tan extraordinaria que creía imposible que los jugadores estadounidenses fallaran un solo tiro: estaba convencido de que el partido lo ganaba el equipo que se llevaba el balón en el salto inicial, porque a partir de ahí ya todos los lanzamientos entraban.

Poco a poco, sin embargo, empezamos a recibir información desde Estados Unidos. Aun así, a principios de los años 80 –cuando salió a la calle la inolvidable revista Nuevo Basket- la mayoría seguíamos poco interesados en la NBA, incluidos muchos periodistas, como por ejemplo yo. En aquellos años, cuando entré por primera vez en la redacción de El Mundo Deportivo, como colaborador, en la sección de basket le dábamos poca importancia. Pero cada tarde el director, nuestro añorado Juan José Castillo, que tenía una visión del deporte y del periodismo absolutamente universal y avanzada, se llegaba hasta nuestras mesas con un folio en el que él mismo había resumido la jornada del día, con todos los resultados en las últimas líneas:
-Esto hay que publicarlo –nos espetaba-, no os lo carguéis.

A nosotros nos costaba entender que tuviéramos que llenar una sola columna de una página con algo que creíamos que no levantaba interés general. Pero el Jefe insistía, una y otra tarde. Y publicábamos la columna, claro. Veinte años después, cuando la confección del periódico se había transformado en un proceso totalmente informatizado y encontrar por la redacción un solo folio era tarea casi imposible, Castillo (que era un seguidor apasionado de los Boston Celtics) seguía viniendo cada día hasta nosotros a entregarnos una impresión de las informaciones de NBA de las agencias y a comentar la jugada. Para entonces ya publicábamos una o dos páginas diarias, con fichas de partidos y fotografías espectaculares incluidas.

En aquellos primeros años, el poco conocimiento general que había de la NBA en las propias secciones de los diarios daba como resultado titulares como éste: NBA: ganaron todos los de casa. Había de todo, por supuesto, victorias de los locales y victorias de los visitantes; lo que ocurre es que en el periodismo USA siempre se coloca delante el equipo que ha ganado el partido, y muchos lo transcribíamos tal cual.

PERO YA HABÍA VERDADEROS LOCOS de la NBA. Uno de ellos, mi amigo y durante muchos años compañero Miguel Angel Forniés, desde hace unos años jefe de prensa del DKV Joventut.

Miguel Angel ha sido siempre, y sigue siendo ahora, un apasionado de la NBA y de todo lo que huele a baloncesto estadounidense. Era de los que siempre, como un pestidigitador, se sacaba algún Giganti de la manga, se carteaba con todo aquel que le pudiera enviar una revista, un periódico, un libro. O una película de super 8. De estas tenía varias, y cada tanto nos invitaba a un grupo de amiguetes a su casa, nos las pasaba, y alucinábamos.

Una de aquellas películas era de Wilt Chamberlain. Otra, de Julius Erving, que incluía la jugada quizás más famosa de aquella (al menos para mí) primera gran estrella de la NBA: una entrada a canasta por la línea de fondo, sobrepasando el tablero y saltando, una vez en el otro lado del aro, alargando su brazo derecho balón en mano, esquivando la base del cuadro y dejando la pelota en la canasta con una elegancia impresionante. Todo lo veíamos en cámara lenta, lo que le daba aun más espectacularidad si cabe. Al llegar a esa acción, Miguel Angel paraba el proyector, echaba la película atrás y la volvía a pasar. Todos la volvíamos a ver, una y otra vez, embobados.

Por eso para mí, aunque ya de entrada me confieso muy poco amante del baloncesto NBA, Julius Erving ha sido el mejor. Le prefiero incluso a Michael Jordan. Lo que le veía hacer al Doctor J, aunque fuera en una película, no lo había visto hacer a nadie. Y me atrevería de decir que no se lo he vuelto a ver hacer a ningún otro. Por supuesto, Julius Erving está considerado como uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA. “Fue quien elevó el mate a la categoría de arte”, dijeron de él numerosos comentaristas.

Aquellas viejas imágenes de Julius Erving en super 8 siguen siendo el primer gran espectáculo de baloncesto que recuerdo. Aun hoy, si cierro los ojos y me lo propongo, las puedo volver a ver.

(Por cierto: que por aquellos años con Miguel Angel siempre nos reíamos del apellido de un jugador estadounidense con pasaporte italiano, que jugaba de base: Dan Calandrillo. No lo habíamos visto jugar en la vida, pero lo de Calandrillo nos hacía gracia... Hasta que un verano ¡vino a Badalona a jugar un torneo! Creo recordar con jugando con el Gedeco de Udine. El caso es que aún guardo en mi desordenado álbum -y Miguel Angel seguro que también- una foto de nosotros dos flanqueando a Dan Calandrillo. ¿Qué habrá sido de él?)

lunes, 16 de marzo de 2009

Una unificación de Reglamento que abre interrogantes

Si un tema pendiente tiene el baloncesto global –y desde hace muchísimos años- es el de la unificación de las reglas, cuestión que ha estado siempre más o menos en la agenda de todos pero para la que, en realidad, nunca se ha encontrado el tiempo necesario. Hasta ahora, en que la FIBA ha dado unos buenos pasos en la modificación de su propio Reglamento, y la NBA, por boca de su responsable arbitral, Joe Borgia, aboga por revisar en concreto la regla de los pasos y hacerlo de forma conjunta con la NCAA y “quizás también con la FIBA”.

No se puede descartar que el afán de Borgia tenga relación con el debate que se suscita cada vez que una selección de la NBA participa en una competición internacional –la última, los Juegos Olímpicos del pasado agosto-, pero en cualquier caso, sean cuales sean las intenciones de un movimiento en pro de la unificación de los reglamentos, creo que estamos todos de acuerdo en que es lo más recomendable. Lo ha sido siempre, pero mucho más ahora que los jugadores de la NBA son actores en el baloncesto internacional y muchos no estadounidenses lo son en la NBA.

De modo que ahora la cuestión está en cómo unificarlo, en base a cuál de ellos, qué objetivos estrictamente del juego se quieren conseguir.

A la vista de los últimos pasos que ha dado la FIBA con punto de partida en el 2010 –línea de 3 puntos, espacio y forma de la zona-, pero también otras modificaciones anteriores, es evidente que es el Reglamento internacional el que se está acercando cada vez más al de la NBA. Y por si había alguna duda, la semana pasada, en su comparecencia en la Fundación Ferrándiz, el secretario general de la FIBA, Patrick Baumann, lo dejó claro: “Las nuevas reglas nos acercan más al Reglamento de la NBA”. Y no porque la NBA lo exija expresamente –añadió- sino porque –se le entendió- lo exije tácitamente.

Al hablar sobre esta cuestión, Baumann esbozó de forma tan simple como exacta qué diferencias de concepto están en la base de la inmensa separación entre el Reglamento de la NBA y el de la FIBA: “Las reglas de la NBA siempre han primado la acción individual mientras las de la FIBA han querido primar la acción colectiva”. Y esa ha sido, en efecto, y de algún modo sigue siendo, la gran diferencia conceptual entre los dos baloncestos. La NBA ha dado algún pasito –como permitir las defensas en zona-, pero ha sido bastante tímido; los de la FIBA, en cambio, tienen inequívocamente una dirección.
De modo que ahora se presenta la gran pregunta: si el Reglamento NBA ha querido siempre primar al jugador y el de la FIBA al equipo, pero éste está cada día un poco más cerca del otro, ¿es que va a cambiar también nuestro baloncesto?, ¿estamos asistiendo a un proceso que nos llevará a un único baloncesto en el que en todas las canchas del mundo la acción individual estará por encima de la colectiva? Algo que abre muchísimos –e importantísimos- interrogantes más. Porque si es así, si nuestro baloncesto se va a ir asimilando tanto al de la NBA hasta acabar fundiéndose con él, ¿cómo va a influir ello en la formación de nuestros jugadores?, ¿cómo van a encajarlo nuestros entrenadores o cómo van a cambiar, o, simplemente, van a saber o van a querer cambiar? Y por qué no: ¿cómo lo va a asimilar el público?

Un proceso así –y eso es lo que aparenta- puede desde luego significar un cambio sustancial en el juego que hoy conocemos y con el que en Europa hemos llegado hasta aquí. Pero no sólo en el juego, sino también en todo lo que le rodea, porque en realidad la gran diferencia entre el baloncesto de la NBA y el nuestro, la gran separación a todos los niveles, es que la NBA no se dirige a los aficionados sino a los consumidores (por eso se expande ahora a China), mientras que en el resto del mundo el baloncesto –en especial en Europa-, es una cuestión fundamentalmente de afición. Lo que puede querer decir lo mismo que tradición.

Y precisamente gran parte de la evolución de nuestro baloncesto en los últimos tiempos se ha basado en tratar de sustituir a los aficionados por consumidores, de momento sin ningún éxito, más bien al contrario.

De ahí todos los interrogantes que nos abre esa unificación del Reglamento, filosóficamente asimilado al de la NBA.

viernes, 13 de marzo de 2009

¡¡ Queremos 100 !!

Hace unos cinco años empecé a escribir una especie de autobiografía centrada exclusivamente en mis recuerdos y experiencias a lo largo de 25 años de periodismo y baloncesto. O baloncesto y periodismo. La idea era reunirlos en un pequeño –o no tan pequeño- libro, para darme una satisfacción y regalarlo a los amiguetes. Hasta tenía decidido el título: ¡¡¡Queremos 100!!! Era el grito que nunca faltaba cuando allá por los pasadísimos años 70 empecé a vivir –en el viejo pabellón de la Penya, al lado de mi casa- mis primeros partidos en directo.

Pero en fin, con el tiempo el proyecto había ido quedando olvidado –no en un cajón, sino en un diskette- y, aunque con bastante escrito ya, inacabado.

He decidido recuperarlo para irlo introduciendo aquí. Lo que ya tenía escrito, y lo que tenía sólo esbozado y a partir de ahora iré escribiendo. Si no es un libro –de aquellos que con tanta ilusión y vocación escribimos en nuestra editorial ZONA131-, al menos que sea un complemento –lo más entretenido posible- a mis reflexiones en este blog. Sin orden cronológico ni de ningún otro tipo. Tal como me vaya apareciendo.

De modo que aquí empiezo:
¡¡QUEREMOS 100!! (1)
Casi 10 años enteros

¿Cuántos partidos de baloncesto habré visto en toda mi vida? ¿Cuántas horas de mis casi 50 años de edad las he dedicado, de una u otra forma, al baloncesto?

Es algo que me he preguntado muchas veces y para lo que lógicamente no tengo una respuesta exacta. Pero puestos a jugar, he dedicado diez minutos a hacer números grosso modo. Y esto es lo que me sale.

Empecé a jugar a baloncesto a los seis años de edad, como la inmensa mayoría de los niños badaloneses de mi generación, en el gimnasio del viejo pabellón de La Plana, a las órdenes de Pere Gol, el Señor Gol. Y empecé a ver partidos, también en La Plana, un poco después, tal vez a los diez o doce años.

Jugué primero en equipos de categorías inferiores de la Penya, y acabé en el junior del Sant Josep (también al lado de casa, pero en la otra dirección de La Plana).

Empecé después a entrenar equipos de la Escola de Básquet del Sant Josep, me dediqué a escribir a partir de 1976, volví a entrenar a un equipo muchos años después en lo que entonces era Primera Catalana (el senior del Titus, equipo patrocinado por la discoteca a la que todos acudíamos en Badalona), y en un momento dado de este recorrido tuve la fortuna de poderme dedicar profesionalmente a dos de las actividades que más me apasionan: el periodismo y, de forma indirecta, el baloncesto. Hasta ahora.

Si tomo como referencia los últimos 35 años, creo que no es exagerado calcular que a lo largo de toda mi vida he visto una media de un partido diario, en directo o por la tele, live o grabado, jugándolo yo o como entrenador. Es decir: unos 12.775.

Lo que sí recuerdo perfectamente es que hubo días excepcionales en los que llegué a ver hasta siete partidos seguidos. No recuerdo el año, pero fue cuando en Badalona se disputó el Campeonato Mundial Escolar, que ganó el Colegio Badalonés con un equipo formado casi exclusivamente por jugadores del junior de la Penya. Sólo aquel día vi seis partidos en directo en el nuevo (ahora viejo) pabellón del Joventut; y por la noche, en el de La Plana, un Joventut-Barça... con Aíto de base azulgrana. Evidentemente, con los años he vivido muchos otros días de partidos de baloncesto encadenados, sobre todo cuando he viajado como enviado especial a Eurobasket, Mundiales o cualquier otro campeonato. En todos esos campeonatos hay partidos que no necesitaba presenciar para cumplir con mi trabajo en el periódico, pero yo siempre intentaba verlos todos, por supuesto si no coincidían con una conferencia de prensa o algún acto al que sí era del todo necesario acudir.

Así que, teniendo en cuenta todo ello, y dejando claro una vez más que evidentemente sólo lo puedo hacer a ojo, pongamos que, en efecto, ande ya por los 13.000 partidos. Aproximadamente 26.000 horas. Unos 1.083 días. Prácticamente 3 años. Y si a ello añado, en fin, las otras horas que he dedicado al baloncesto en mi profesión a lo largo de aproximadamente los 30 últimos años –sin contar los partidos, una buena cifra aproximada puede ser una media diaria de 5 horas-, me pueden salir aproximadamente pero sin mucha exageración unas 55.000 horas más. Unos 2.300 días. Prácticamente ¡¡¡¡ 6 años y pico más !!!!

En total, pues, casi 10 años enteros de mi vida dedicados exclusivamente a esto. No sé si será mucho o no, pero el resultado me hace gracia.

A mi mujer, lo que le hace gracia -o no- es que aunque en general no tengo una memoria de la que pueda alardear, cuando se trata de baloncesto es espectacular. De según qué, recuerdo incluso detalles que a mí mismo me sorprenden. Y, sobre todo, cuando con ella o un grupo de amigos rememoramos algo pasado, mi única referencia infalible es el baloncesto. Por ejemplo, nunca recuerdo a la primera en qué año me casé, pero sé con total seguridad que fue el año del Eurobasket de Atenas (es decir, en 1995). O que el penúltimo coche que me compré me lo dieron el año de otro Eurobasket, el de Francia (así sé que fue en 1999). O que… lo que sea.

Con baloncesto de por medio, mi memoria parece de elefante. De hecho, todos los recuerdos que he ido escribiendo me han venido sin apenas tener que consultar fechas ni datos. Por eso puede haber algún error, pero seguro que son poquísimos, y sólo de detalle.

En fin: que más de 30 años de periodismo y baloncesto dan para muchas historias, anécdotas y recuerdos.

Aquí estarán.

lunes, 9 de marzo de 2009

"Ya no lo dejan"

Hace ya unos meses, Julian Borger publicó en The Guardian un completo e interesante reportaje cuya tesis de partida era que el baloncesto estaba a punto de superar al fútbol –si no lo había hecho ya- como deporte con más practicantes en el mundo. Borger llegaba a esa conclusión a través del análisis de las cifras oficiales y más o menos reales, pero basándose fundamentalmente en el avance que el baloncesto ha experimentado en los últimos años –y sigue experimentando- en China. Todo ello, enmarcado en la pugna que en tierras chinas está manteniendo la Premier League (fútbol inglés) y la NBA por conquistar su audiencia multimillonaria.

El periodista Julián Felipo hizo en su blog un certero resumen de la tesis de Borger.

Es probable que las cosas sean como parecían ser hace tres meses –el reportaje se publicó en diciembre-, y que un día de estos se pueda dar la noticia de que en el mundo hay más licencias de baloncesto que de fútbol. Pero en la documentadísima tesis del periodista británico conviene hacer un matiz: la NBA se ha metido en China para explotar al máximo las inmensas posibilidades de su mercado, pero el objetivo de la NBA no acostumbra ser vender baloncesto sino vender NBA; que es algo parecido pero no exactamente lo mismo.

En cualquier caso, y matices al margen, del reportaje del The Guardian destaco sobre todos los datos y análisis, la reflexión final de Rowan Simons, el británico que lleva dos décadas en China intentando promocionar el fútbol en el gigante asiático, y que ahora ve que su tarea se ha hecho –por culpa del baloncesto- aun más difícil: “Una vez que los niños empiezan a jugar a baloncesto, ya no lo dejan”.

Este sí es un dato a tener en cuenta, y más todavía si procede de quien lo expresa como fuerza de su rival. Improvisar un partidillo de fútbol –en la playa, en cemento, entre piedras, con dos pedruscos, las carteras del cole, dos cajas o lo que sea marcando las porterías- ha sido siempre mucho más sencillo que organizar uno de baloncesto, porque nada puede suplir a una canasta. A lo mejor es por eso por lo que cuando se consigue superar las dificultades y se da con una o dos canastas, la recompensa es doble.

En realidad, Simons no descubre nada. La campaña Baloncesto en la Calle, que la FEB puso en práctica hace ya más de dos décadas, fue una excelente cantera de captación de chavales.

“Y ya no lo dejan”. Ésa es, y debe seguir siendo, nuestra fuerza.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La inmejorable estrategia europea de la NBA

Todavía bajo los efectos del impacto que ha tenido en nuestro país el All Star Game de la NBA, por primera vez en la historia con tres jugadores españoles protagonistas en cada una de las tres jornadas del weekend, y tras constatar los excelentes índices de audiencia que han registrado las transmisiones, no es mal momento para repasar una vez más ese aparente – y por algunos muy temido- proceso de expansión de la NBA a nuestro continente.

Es indiscutible que los objetivos mediáticos que la NBA se marcó en su momento con la importación a sus equipos de los mejores jugadores europeos los está cumpliendo con creces. Ahí están, como muestra, esos índices de audiencia de los que hablamos, que comparativamente y salvando todas las distancias de entorno, público, horario, etc., bien podríamos decir que son prácticamente asimilables a los registrados en el mismísimo Estados Unidos. Sólo la participación de Rudy en el concurso de mates levantó aquí tanta expectación que, a tenor de los resultados, la transmisión de la madrugada del pasado domingo bien podría haber batido la mejor marca de lo que llevamos de temporada de haber sido en directo en un horario digamos que normal.

Pero no sólo los objetivos mediáticos de la NBA están satisfechos con sus estrellas europeas. También los mercantilistas. Ahí está, como otro ejemplo evidente, la camiseta de Pau Gasol con el 16 de los Lakers: la sexta más vendida de la temporada, según los datos facilitados por la propia organización.

Precisamente la diferencia horaria es una de las barreras que la NBA no ha podido saltar. Pero no la única, ni siquiera la más importante. Antonio Maceiras, el ex director general del FC Barcelona, como tal partícipe directo de la creación de la Euroliga hace ya casi una década y en la actualidad asesor de los San Antonio Spurs, ha explicado de forma sencilla pero completísima por qué la NBA no ha desembarcado en Europa, ni probablemente desembarcará nunca como competición, más allá de su inmejorable estrategia actual.

Vale la pena tenerle en cuenta porque la suya es una información de primera mano.

viernes, 13 de febrero de 2009

¡¡¡¡¡ Foooooonsoo, Foooooonsoo !!!!!!

Casi todo lo que sé de Alfonso Martínez lo sé porque lo he leído o me lo han explicado, pero sí recuerdo haberlo visto jugar, con la Penya desde luego, pero también con el que fue su último equipo, el Breogán, y además se daba la circunstancia de que, aragonés él, aragonesa mi familia materna, una cierta relación de amistad –aunque no recuerdo exactamente de qué- había entre uno y otros.

Pero de lo que no me puedo olvidar es de que estaba empezando yo mi carrera de aprendiz de periodista en la Revista de Badalona –en la sección de Sociedad-, cuando el veterano redactor de Deportes me telefoneó desde su casa para informarme de que estaba en cama con una gripe del doce, sin fuerzas para levantarse, y pedirme que escribiera yo el artículo que no le había dado tiempo a escribir a él: una crónica previa del partido de homenaje a Alfonso Martínez. En Badalona, claro.

Con el tiempo me he reprochado a mí mismo no ser en nada fetichista ni tener espíritu de coleccionista, porque ahora lamento no haber guardado aquel mi primer artículo sobre algo de baloncesto más que en el archivo de mi memoria. Que cuando se trata de eso, de algo de baloncesto, no es mala; pero tampoco es suficiente para dar cabida a muchos detalles.

Probablemente recordaría mucho más de Alfonso si le hubiera visto jugar más, pero cuando él dejó definitivamente el Joventut en 1972 yo aún no había dado el salto a la pista, seguía en el gimnasio a las órdenes de mi primer entrenador-maestro –el señor Gol, el suegro de Lluís Cortés-, porque no era ni infantil. Pero de lo poco de él que sí viví en primera persona, en las gradas de esa pista, la de La Plana, en la que hoy se jugará el partido de homenaje a Alfonso, fueron aquellos coros que acompañaban casi siempre a alguna de sus jugadas maestras bajo los aros: ¡¡¡¡¡¡ Fooooooonsoo, Foooooooonsoo !!!!! A los chavales como yo no hacía falta más que lanzarnos la primera sílaba para sumarnos, felices y contentos, a aquel inacabable cántico que en Badalona marcó verdaderamente una época.

¿A qué jugador actual se podría asimilar ahora a aquel Alfonso Martínez estelar, determinante en España y hasta en Europa con apenas 1,97 de estatura? Difícil explicarlo. Pero si el otro día Nino Buscató se atrevió en el Salón de la Fama a compararme a Emiliano con Rudy, creo que yo podría atreverme a comparar a Fonso con Felipe Reyes. Para que se hagan una idea aproximada quienes aún saben de él menos que yo.

En fin, que ahora, más de 30 años después de aquel mi primer artículo baloncestístico, nos apena saber que Alfonso está ingresado en un geriátrico por aquellas cosas de la vida. Pero es al mismo tiempo magnífico comprobar cómo en ésta nuestra familia del baloncesto hay mucha gente que no olvida ni quiere olvidar a quienes nos precedieron; tanto, que hasta han organizado el homenaje de hoy con la ilusión de poderle ayudar.

Es una lástima que él no esté en condiciones de aparecer esta tarde por La Plana, porque lo que también recuerdo perfectamente es que, además de un gran jugador, era un tipo divertidísimo. A ver si entre todos conseguimos que lo pueda volver a ser.

lunes, 9 de febrero de 2009

El máximo nivel de sus posibilidades

Nunca serán pocas las veces en que repitamos algo que en nuestro baloncesto en tantas ocasiones se pone a discusión (probablemente porque parece tan evidente…) que para que los jugadores exploten su talento y alcancen sus máximas o mejores posibilidades, es necesario que jueguen. Sobre todo los jóvenes, o aquellos que, no siéndolo ya estrictamente, tienen por delante un largo recorrido.

Curiosamente, algo en general tan complicado de ver aplicar por los entrenadores en el baloncesto profesional –cuando no excepcional-, lo predican desde siempre los técnicos de base, de formación.

Ya lo sacamos a colación semanas atrás. Pero vale la pena recordarlo cuando se da algún caso que lo propicie, como el que en las dos últimas semanas ha protagonizado en la Liga ACB Xavi Rey (21 años, 2.09), un jugador que ya destacó en nuestras selecciones inferiores y que ahora parece estar frente a su primera gran oportunidad. Y no precisamente en un momento fácil para su equipo, el Cajasol. A pesar de lo cual ha dado dos pequeñas muestras –esperemos que sólo las primeras- del que podría ser su verdadero potencial.

Y habando ya en general, ¿cuál será el verdadero potencial de un jugador cualquiera? Dependerá de varios factores, tanto propios (el trabajo individual, la actitud y el carácter) como ajenos (la confianza que se le dé, los minutos de juego y el empeño del club y el entrenador), e incluso también puede llegar a jugar la suerte.

El éxito final no se tendrá que medir porque haya salido un crack –de estos hay pocos y difícilmente se pueden fabricar- sino por el resultado de que todo jugador ha alcanzado o rozado el máximo nivel de sus posibilidades, sean de primero, segundo o tercer escalón.
Y ese éxito, sólo si juegan es posible conseguirlo.